Huellas. Juan Carlos Higa , PRESENTE

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Cuando finalizó la presentación oficial del Movimiento No Matará,  se descubrió la baldosa que recordará al poeta y periodista desaparecido Juan Carlos Higa. Ana su única hermana, habló del aquel hombre que eligió apropiarse del dolor de otros para aliviarlo desde el pensamiento y la palabra.

 

 “Mama siempre lo espero” dice esta mujer de 70 años. Su relato tiene silencios que la pena del recuerdo impone, pero es más fuerte la necesidad de contar y resaltar lo que guarda el corazón, porque se corre el riesgo de que los más jóvenes de la familia no se enteren de que entre ellos estuvo Juan Carlos con sus ideales y sus sueños.

Desde Adrogué llegaron los Higa a Parque Patricios cuando Juan Carlos, el menor de los 6 hermanos, tenía  5 años. La  casa era de las típicas “chorizo” en la calle Agaces.  Eran cuatro familias las que compartían ese gran patio, un cuarto para cada una, pero los Higa ocupaban dos. En el país moría Eva Perón y este pequeño NikKei (descendiente de japoneses) no tardaría en involucrarse en el momento histórico que le tocó vivir.

 “Hizo la primaria en una escuela de la calle Uspallata y  cursó la secundaria en el Normal Nº 2 Mariano Acosta, hasta que supo que no podría ser docente, la poliomielitis había dejado sus secuelas y según la ley que regía en ese momento no podía desarrollar su vocación por tener una pierna mas corta.

 Finalmente sigue una carrera de letras e incursiona en el periodismo. Hace de la palabra su expresión y forma de vida. Fue periodista del diario más importante de la comunidad japonesa en Argentina, La Plata Hochi, editado en español y en japonés. También trabajó en el periódico” Akoku Nippo”. Colaboró en diversos medios de América Latina, entre ellos, la Revista Amaru. Entre 1970 y 1972  recorrió el país, no como turista, sino como aprendiz  y testigo de diferentes culturas. “El amaba esta tierra” recuerda Ana.

 

¿Cuándo unió su actividad literaria a la política?

 

“Nunca lo supimos exactamente. El era sensible a la necesidad, al dolor de otros. En sus poemas volcaba estos sentimientos. Cuando comenzaron los tiempos muy difíciles, mi madre le ofreció viajar a Japón, el no quiso. Algunos compañeros ya no estaban pero eligió resistir acá, quedarse y trabajar por su país que estaba siendo lastimado”      

                                                        

¿Tuvo indicios de lo que podía suceder?

 Ana piensa y elige recordar solo las horas que antecedieron al hecho que marco y fracturó a su familia para siempre. “Yo ya no vivía con mi familia cuando se lo llevaron, mi hermana María Antonia contó que un Falcón verde estuvo estacionado casi dos días antes. Ese 17 de mayo 8 personas con uniforme militar entraron en mi casa, ataron a mi mamá que ya estaba ciega y a otra hermana. Las encerraron en una habitación para quedarse con Juan Carlos que lo habían traído de la calle. Revolvieron y tiraron todo.

 

Yo llegué al otro día, era un caos. Habían robado,  estaba todo tirado en el piso todavía, vaciaron y ensuciaron la heladera y hasta habían defecado en el piso. Nunca mas supimos de Juan Carlos, mi mama empezó a enfermarse cada vez más pero quería seguir viva porque lo esperaba, decía que algún día iba a regresar. Mi hermana María Antonia fue la que más anduvo por todos lados, recorrió cuanta oficina e institución había. Ella se unió a  la marcha de las madres y pudo reunir 14 familias de la colectividad japonesa que tenían familiares desaparecidos. La embajada de Japon en ese momento no escucho nuestros reclamos.

 

Se supo también que el periódico donde había trabajado Juan Carlos Akoku Nippo se negó a publicar cualquier noticia referida a la desaparición de las personas. Marìa Antonia falleció en 2001, sin poder ver la nulidad de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final que se aplicaron en 1987, donde se impidió el enjuiciamiento de los culpables de asesinar y desaparecer a los opositores a la dictadura.

 

Hoy la situación cambió acompañando el mismo proceso de justicia que el pueblo argentino supo ganarse a fuerza de fe y de movilización. El 22 de marzo de 2010, fue un día histórico para los familiares de los desaparecidos “Nikkei”, por primera vez, el gobierno japonés acogió y patrocinó un evento en relación a ellos, cuyo nombre fue “No desaparece quien deja huella” y era inaugurado ese día.

 

“Me siento muy agradecida al Centro Cristiano Nueva Vida por tener este gesto de colocar su nombre en la baldosa en la puerta de lo que fue nuestra casa y al Movimiento No Mataras por hacerlo parte de su identidad” Dice Ana y reconoce que es la encargada de portar esta historia que es la de muchos pero también la de su propia vida.

 

No desaparece quien deja huella

誰が何の痕跡も残さない消滅

  

Adriana Vanoli

Prensa MNM